CONDUSEF publicó recientemente una alerta sobre la actualización del modus operandi de los suplantadores de instituciones financieras. El mensaje es claro: hay que estar alerta.
Pero la pregunta inevitable es otra:
¿Por qué, si las recomendaciones son conocidas y se repiten año con año, la suplantación sigue funcionando?
La respuesta no está únicamente en la falta de cuidado de las personas usuarias. Está en cómo, como ecosistema, seguimos entendiendo la identidad y la confianza en entornos digitales.
Suplantación de bancos: ¿por qué un logotipo "parecido" sigue siendo suficiente para engañar?
Porque durante años hemos tratado la identidad institucional como algo visual. Si "se parece", si "suena igual", si "habla como banco", asumimos que es legítimo.
Los suplantadores lo saben. Por eso no buscan copiar de forma perfecta, sino generar la sensación mínima de autenticidad. Y mientras la identidad no sea verificable de forma técnica, seguirá dependiendo de la percepción del usuario.
La pregunta de fondo es simple: ¿por qué la autenticidad de una institución financiera aún no puede comprobarse de forma inmediata y objetiva?
Fraude por WhatsApp y correo: ¿por qué seguimos compartiendo datos personales?
Porque el ecosistema lo normalizó. Mensajes con lenguaje institucional, enviados por canales informales, se volvieron cotidianos.
Aquí surge otra pregunta incómoda: ¿en qué momento aceptar compartir datos sensibles sin autenticación previa se volvió una práctica común?
Cuando esto ocurre, el control se rompe. No hay certeza de quién solicita la información, no hay evidencia clara de consentimiento y no hay forma de auditar el proceso después.
Fraude financiero del "anticipo": ¿por qué sigue siendo tan efectivo en México?
Porque explota un vacío estructural: no existe una validación de identidad obligatoria antes de una instrucción financiera crítica.
El usuario recibe una cuenta, un argumento convincente y una sensación de urgencia, pero no tiene una forma inmediata de confirmar que esa solicitud proviene realmente de una institución legítima.
La pregunta clave es: ¿por qué el sistema permite que una operación financiera se inicie sin identidad verificable del solicitante?
¿Qué pasa cuando el fraude se consuma y el contacto desaparece?
Pasa algo más grave que la pérdida económica: desaparece la posibilidad de defensa. Sin identidad, sin registros confiables y sin trazabilidad, no hay evidencia técnica sólida para sostener una reclamación.
Esto lleva a una reflexión inevitable: ¿cómo podemos hablar de protección al usuario si no existe evidencia digital desde el primer contacto?
¿Por qué conocer datos personales genera tanta confianza?
Porque seguimos confundiendo conocimiento con identidad. Que alguien conozca datos de una persona no significa que sea quien dice ser.
Los datos se filtran, se compran o se encuentran. La identidad debería verificarse, no asumirse.
La identidad debería verificarse, no asumirse.
Deepfakes e inteligencia artificial: el nuevo riesgo en la suplantación financiera
Cambia el punto de referencia. Audios falsos, videos generados artificialmente y clonación de voz hacen que ver y escuchar ya no sea suficiente.
Entonces surge una pregunta crítica: ¿qué pasa cuando la percepción humana deja de ser un mecanismo confiable?
La respuesta es clara: sin identidad digital verificable y sin gobernanza tecnológica, el riesgo se multiplica.
"Sin identidad digital verificable y sin gobernanza tecnológica, el riesgo se multiplica."
JAAK: identidad digital verificable contra la suplantación de instituciones financieras
En JAAK partimos de una convicción clara: la tecnología solo genera confianza cuando se construye con disciplina, seguridad y cumplimiento desde el diseño.
Nuestro compromiso no es "usar" inteligencia artificial, sino incorporar controles de identidad, protección de datos y trazabilidad que reduzcan la suplantación y fortalezcan la confianza del usuario en entornos digitales complejos.
Por eso, en lugar de tratar la seguridad y el cumplimiento como requisitos posteriores, los integramos como principios estructurales. Seguimos estándares, documentamos procesos y entendemos que la tecnología en sectores regulados debe ser auditable, explicable y responsable.
Y por esa misma razón, trabajamos de la mano con especialistas en Prevención de Lavado de Dinero (PLD) y profesionales enfocados en cumplimiento. No como un complemento, sino como una estrategia consciente para alinear tecnología, regulación y operación real.
Porque en un contexto donde el fraude evoluciona y la suplantación se sofistica, la confianza no se promete: se diseña, se prueba y se sostiene con responsabilidad.
Ahí es donde creemos que la conversación debe continuar.
¿Tu organización está preparada para enfrentar la suplantación con identidad verificable?
Descubre cómo JAAK integra verificación de identidad, protección de datos y trazabilidad para reducir el fraude desde el primer contacto.
Conoce JAAK